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En anteriores post nombramos en varias ocasiones los probióticos como complemento y como apoyo en la transición, pero hoy vamos a ahondar un poquito más en este tema tan, a mi parecer, interesante e importante.

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos vivos (bacterias, hongos, protozoos, etc) que habitan en el tracto gastrointestinal de manera fisiológica. Estos microorganismos tienen varias funciones importantes:

  • Participan en la descomposición de nutrientes y obtención de energía mediante la digestión, absorción y metabolismo de los  mismos en el tracto gastrointestinal.
  • Modulan el sistema inmunológico.
  • Actúan como barrera de defensa natural frente al sobrecrecimiento o presencia de patógenos en el intestino.
  • Contribuyen al mantenimiento de la estructura de la mucosa intestinal (las células del intestino).

Mantener un ecosistema microbiano gastrointestinal equilibrado es muy importante para la salud óptima general del perro y puede ayudar a prevenir muchas patologías. La disbiosis, es decir, el desequilibrio de esta microbiota está cada vez más asociado al desarrollo de enfermedades inflamatorias intestinales crónicas y autoinmunes tan conocidas como la IBD, patología cada vez más común en los perros hoy en día. Un tracto gastrointestinal con una microbiota intestinal pobre será mucho más susceptible a padecer este tipo de enfermedades autoinmunes.

Es importante recordar, como dijimos en el post de la transición alimentaria, que cada perro tiene un perfil microbiano intestinal diferente según la alimentación que lleve. Esto es importante porque un perro con una dieta pobre en nutrientes, poco equilibrada o  ingredientes de dudosa calidad tendrá una microbiota gastrointestinal escasa y debilitada.

¿Qué son los probióticos?

Como se explicó en el post de los complementos, los probióticos son alimentos funcionales ricos en microorganismos vivos, sobre todo, bacterias.

¿Para qué sirven?

Cuando los incluimos en la dieta refuerzan la calidad de la flora bacteriana intestinal, para que esta pueda hacer frente a posibles proliferaciones de bacterias patógenas. Es decir, aportamos “bacterias buenas” para evitar el sobrecrecimiento de otras “malas”.  También modificamos el pH intestinal, acidificándolo, evitando el crecimiento de algunos microorganismos indeseables.

Hay bacterias que están presentes de forma normal en el intestino, que se denominan oportunistas, que cuando las bacterias beneficiosas disminuyen o se debilitan, aprovechan para proliferar y pasar a ser perjudiciales.

Por este motivo para reforzar o regenerar la flora es tan importante aportar probióticos en determinados momentos susceptibles de desequilibrio como:

  • Una transición alimentaria.
  • Un tratamiento antibiótico (en el que mueren las bacterias “malas”, pero también las buenas)
  • Una patología digestiva (diarreas), en la que el intestino pueda estar inflamado, y esa inflamación afectar a la microbiota  intestinal fisiológica.

Aunque no solo debemos centrarnos en darlos cuando haya un problema, sino que puede formar parte de la dieta habitual de nuestros perros para, como hemos dicho al principio, prevenir patologías intestinales y mantener un ecosistema gastrointestinal equilibrado.

Tipos

En los perros, los probióticos naturales más comunes son leches fermentadas, productos obtenidos de la fermentación láctica como:

  • YOGUR NATURAL con presencia de bacterias Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus.
  • KÉFIR que además de diferentes especies de bacterias del género Lactobacillus, y Streproccocus thermophilus como el yogur, también incluye otras como Leuconostoc, Lactococci y levaduras (hongos) como Saccharomyces kefir o Candida kluyveromyces. Por lo que es más completo que el yogur.

En ambos casos si son de leche de cabra mucho mejor, ya que los glóbulos de grasa de la leche de cabra son más pequeños y más digestibles para los perros, esta característica puede ser interesante en caso de perritos delicados a nivel intestinal o con alguna patología.

Otra opción de probiótico:

  • CHUCRUT a base de col fermentada y otras hortalizas. Menos conocido, pero con propiedades probióticas similares también rico en bacterias lácticas.

Y ahora la pregunta del millón, ¿Pueden los perros, siendo intolerantes a la lactosa comer yogur y kéfir? Y la respuesta es SI.

Esto se explica entendiendo el proceso de elaboración de los mismos. Como se ha apuntado al principio, estos dos productos entran dentro del grupo de leches fermentadas. En la elaboración de ambos la leche se acidifica y fermenta debido a la presencia del cultivo de microorganismos que se le añaden, quienes se alimentan de la lactosa de la leche, convirtiéndola en ácido láctico. 

Así que, estos derivados lácteos pueden tener una pequeñísima parte de lactosa que aún no haya sido convertida en ácido láctico por los microorganismos, la cual es tan pequeña que puede ser perfectamente tolerada por un perro, salvo que éste fuera MUY sensible a la lactosa y le provocará un poco de diarrea, en cuyo caso existe la opción del chucrut o los suplementos probióticos comerciales (hay varios en el mercado).

Dosis y administración

Podemos darlos de manera habitual con la comida o por separado, en una dosis aproximada de 1 cucharada sopera por cada 10 kg de peso diariamente o cada 2 días, siempre empezando con poca cantidad para observar cómo le sienta. Si observáramos cualquier cambio (diarreas), mejor dejar de darlo.

En caso de administrarlo mientras el perrito está con tratamiento antibiótico, recuerda esperar 2 horas mínimo para dar el probiótico tras la administración del antibiótico, para que así conserve sus beneficios.

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